
Sinopsis:
En el año de 1431, la joven francesa Juana de Arco, salvadora de la patria frente a los ingleses, y que declara sentirse inspirada directamente por Dios, se enfrenta a su procesamiento y a una posible condena a muerte. Se acusa a Juana de blasfemia.
La mayoría de los sacerdotes reunidos se encuentran en su contra. Algunos de ellos dudan de su culpabilidad y creen en la verdadera santidad e inocencia de la joven, pero los eclesiásticos más poderosos son los únicos que tienen voz y voto en el proceso, y los simpatizantes de Juana son intimidados para que voten igual que la mayoría.
Los deshonestos sacerdotes redactan una falsa carta atribuida al rey Charles de Francia. Los carceleros molestan a la joven y uno de los viejos sacerdotes interviene, tratando de convencer a la joven de que se encuentra de su lado, mostrándole la falsa carta y haciéndose pasar por un enviado del rey con la intención de protegerle.
Juana pide permiso para asistir a misa, los sacerdotes aceptan a cambio de que Juana vista ropas femeninas y se deshaga de la suyas, masculinas e impías. Ella se niega y es devuelta a su celda, en donde es de nuevo molestada por sus vulgares carceleros, los cuales se burlan de ella poniéndole una falsa corona. Un joven sacerdote interviene y demuestra tener verdadera simpatía por Juana.
La joven es llevada a la sala de tortura en donde los viejos eclesiásticos tratan de convencerla una vez más de que sus visiones provienen del Diablo y no de Dios. Mientras que le muestran los crueles instrumentos de tortura, le exigen que firme un documento en donde se retracta de todo lo confesado. Ella desfallece ante la visión aterradora de las maquinas del dolor.
Una fiebre ataca a la joven y es necesario hacerle una sangría. Mientras convalece, le ofrecen los sagrados sacramentos a cambio de que firme el documento y se retracte. Ella se niega.
Mientras preparan la hoguera, el documento es ofrecido a la joven de nuevo. El pueblo reunido y los pocos simpatizantes religiosos le piden que acepte para salvar su vida y ella accede.
De vuelta en su celda, mientras le quitan a Juana todo su cabello, la joven exige de nuevo la presencia de sus jueces, ya que ha mentido y se arrepiente de haberlo negado todo. El joven sacerdote le consuela de nuevo y le confiesa.
La hoguera es preparada y Juana arde y se extingue ante la visión de un pueblo encolerizado, que vocifera en contra de la injusticia cometida.
Una lucha entre los soldados y el pueblo, que intenta ser aplacado por medio de la violencia, pone fin a la historia.
Con la Pasión de Juana de Arco nos encontramos ante una sinfonía de primeros planos. Odio, cólera, sufrimiento, compasión, culpa, soberbia. Todo pasa a través de los rostros maravillosamente fotografiados.
La interpretación de Maria Falconetti como Juana, trasciende cualquier palabra, cualquier descripción que se nos ocurra. El sufrimiento, la honestidad espiritual y su estado de gracia real, hacen de su interpretación una de las más sublimes de ésta o cualquier época.
Un joven Antonin Artaud aparece en el filme, es uno de los pocos sacerdotes que siente compasión por Juana. Tal vez debido a su temprana edad, la humanidad del joven sacerdote no ha llegado a decaer aun como la de sus ancianos superiores. Al final, será él quien eleve una cruz cerca de la joven santa, para que le haga compañía en sus últimos momentos.
Igualmente, todos los actores secundarios, los carceleros, el pueblo y en especial los antipáticos jueces, están genialmente logrados. En los últimos momentos del proceso, podemos leer en sus rostros que la duda y el arrepentimiento comienzan a nacer. El mismo sacerdote que le escupe a Juana en la cara, termina derramando lagrimas al verla sufrir.
La forma en que ha sido construido (mayormente por primeros planos), sus travellings y movimientos de cámara, lo hacen un film original e innovador para la época.
Su director, el danés Carl Dreyer siempre tuvo una fijación con los temas religiosos y ocultistas; y décadas después, habría de hacer otro de los mas grandes films espirituales: La Palabra (Ordet, 1955), una obra sorprendentemente distinta, en cuanto a estilo, de su predecesora (el montaje en La Palabra es austero, enfocándose más en sus planos-secuencia, sencillos, invisibles y exentos de cualquier espectacularidad técnica).
La Pasión de Juana de Arco trasciende cualquier catolicismo, cualquier religión o ateismo. Este es un film acerca de la libertad; después de todo, Juana muere, pero muere libre, fiel a ella misma y a sus ideales espirituales. Este es un film acerca del acto de fe. Y cada meta, cada nuevo paso que se ha propuesto el hombre esta llena de esa fe ciega e inexplicable, que nos convence y nos dirige hacia un fin que creemos trascendente.
El filme había pasado por varias mutilaciones y se creía perdido en su totalidad, hasta que una copia integra del negativo fue encontrada en 1981 en una institución mental de Noruega.
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