
Me cuesta trabajo ser objetivo al hablar acerca de uno de mis directores favoritos de nuestros tiempos. David Keith Lynch nació en Missoula, Montana, el día 20 de enero de 1946. Su primera elección pareció ser la pintura para posteriormente incursionar en el cine, labrandose una trayectoria bastante envidiable. Pero en realidad Lynch ha sido siempre un artista y un hombre del renacimiento, su nombre ha estado involucrado tanto en el cine, como en la música, la plástica, la fotografía y un vasto etcétera. Lynch tiene hoy 64 años, pero su espíritu de búsqueda, de experimentación, sigue joven y arriesgado como en sus primeros tiempos y tal vez hasta más. Director consagrado y respetado tanto en Europa como en Hollywood, no teme, a pesar de su edad, hacer una película como Inland Empire (2006), filmada enteramente en vídeo, porque a Lynch, lejos de preocuparle su status de "director profesional", le interesa más seguir manteniéndose fiel a la estética y los ideales de un cineasta personal.
Aficionado a la meditación y a la cultura hindú, a las ropas y los automóviles de los años cincuenta; Lynch es el creador de un universo cinematográfico propio. Sus historias ocurren siempre en una tierra llamada Lynchtown (por lo general un pueblo pequeño en el que todos sus habitantes parecen conocerse y se sonríen enigmática y optimistamente). Su gusto por la dualidad de el bien y el mal, la luz y la oscuridad es un punto importante para entender su mundo. El protagonista en sus historias siempre termina atraído a ese lado oscuro de donde debe escapar para posteriormente encontrar el equilibrio que le permita vivir en la cordura. El mejor ejemplo de lo que menciono es el final de Blue Velvet (1986), cuando el protagonista, Jeffrey Beaumont, después de sobrevivir a la pesadilla infernal del mundo de Frank Booth, se encuentra reunido con su novia y su familia en una linda casa, y al mirar a través de su ventana observa a un pajarillo devorando a un gusano. "Es un mundo extraño", le dice Jeffrey a su novia. Ni siquiera la naturaleza es blanca y limpia, pero ha aprendido que debe vivir con ello.
A pesar de su status de cineasta experimental, Lynch nunca ha dejado de ser un americano: las canciones de Elvis Presley y Roy Orbison, los vestidos, los automóviles, las bebidas y la comida chatarra pueblan sus filmes. Así mismo, la influencia de otros realizadores norteamericanos está muy presente en toda su obra. De Laura (1944), de Otto Preminger, tomaría prestado el nombre para el cadáver maldito de Twin Peaks, Laura Palmer: una abeja reina similar a la de la película de Preminger. De Vertigo (1958), de Alfred Hitchcock, tomaría prestada la idea de hacer pasar a una mujer por otra ya fallecida (la prima de Laura Palmer). Y de Sunset Boulevard (1950), de Billy Wilder, película por la que ha demostrado su admiración más de una vez, haría una referencia directa a su titulo con Mulholland Drive.

Lynch cuenta que de joven nunca se le paso por la cabeza la idea de ser un artista. En el ambiente conservador y tradicional en el que se había criado no existía tal profesión entre la gente la común. Un día conoce al padre de un amigo, quien resulta ser un pintor que le impresiona fuertemente, y a partir de entonces decide seguir la misma vocación.
Después de pasar varios años como estudiante de pintura en Philadelphia, Lynch comienza sus primeros tanteos con el cine. Sus primeros trabajos, cortometrajes de estudiante, eran juegos de abstracción. Estoy hablando de The Alphabet (1968) y The Grandmother (1970), los cuales estaban hechos principalmente en base a técnicas de animación.
La película que lo pondría en el mapa, largometraje que incluso hoy en día sigue siendo uno de los mas extraños, por su originalidad plástico-sonora, seria Eraserhead (1977), filme cuya realización le llevaría 6 años debido a la falta de fondos para su producción, y que posteriormente le llevaría a conocer al famoso comediante Mel Brooks, quien le ofrecería su siguiente trabajo: The Elephant Man (1980). Cuenta la historia que otro gran realizador norteamericano, Stanley Kubrick, solía invitar a sus amigos a su casa con la promesa de mostrarles su película favorita, la cual resultaba ser nada menos que la opera prima de Lynch.
En la década de los noventa, Lynch incursionaría en la televisión con la ya mencionada Twin Peaks (1990-1991), acerca de un peculiar agente del FBI que llega a un pequeño pueblo maderero a investigar el asesinato misterioso y brutal de una jovencita de preparatoria, la cual era muy querida por toda la comunidad. Con éste trabajo, Lynch lograría una de las series más originales que el publico haya visto en la pantalla chica.
La música ocupa un lugar importante en su visión y Angelo Badalamenti, compositor de jazz delirante y armonias orquestales, es el cómplice perfecto. La colaboración de ambos les llevaría a grabar dos discos magníficos con la cantante Julee Cruise, en los que Badalamenti se ocuparía de la música y Lynch de las letras.
El sonido, aparte de la música, es otro elemento en el que Lynch pone sumo cuidado, ya que él es un creador de atmósferas, sabe que el oído es más sensible que la vista. Después de todo conviene recordar que fue un sonido el que decidió su vocación de cineasta: el joven David, después de terminar un cuadro se queda pensativo al observarlo; sabe que algo le falta y no puede percatarse del que. Súbitamente entra una corriente de aire a través de su ventana. En ese momento, el artista tiene una epifanía al imaginar que sus pinturas son capaces de cobrar vida y movimiento, todo a la par de las misteriosas y bellas impresiones de las que es capaz una onda sonora.
Existe una pagina de internet admirable llamada http://www.theyshootpictures.com, la cual se da a la tarea de recopilar las críticas y listas importantes de cine alrededor del mundo, y de esta manera formar una lista "definitiva", que es al mismo tiempo una guia para los cinéfilos, con las mil mejores películas de todos los tiempos. Así mismo, cuentan con una lista dedicada a los directores y otra a los films que pertenecen a nuestro nuevo siglo, en la cual el Mulholland Drive (2001) de Lynch se ha ganado el segundo lugar, solo superada por el filme Deseando Amar (2000), de Wong Kar-wai.
Para mi, Mulholland Drive es una obra maestra que pertenece a la misma familia que El Sueño Eterno (Howard Hawks, 1946). Ambos cuentan un argumento incomprensible y enigmático. Ambos cuentan con situaciones inolvidables, en las que sus personajes, no menos originales, intercambian una experiencia rica en miradas, gestos y diálogos. Y Lynch es un gran director de actores, no tal vez con la rigurosidad de un experto en arte dramático (experiencia de la que carecen la mayoría de los grandes directores de actores en cine de todos modos), pero si grande en el sentido de que es capaz de sacar lo mejor de cada uno de ellos. Su sensibilidad para plasmar un rostro humano en el celuloide es comparable solo a la de los grandes maestros de la pintura.
No creo que haga falta decir más, sus filmes hablan por él: desde sus inicios con Eraserhead, The Elephant Man y Blue Velvet, pasando por la "trilogía de la carretera" con Wild at Heart (1990), Lost Highway (1997) y The Straight Story (1999), hasta sus últimos experimentos con la narración no convencional en Mulholland Drive e Inland Empire.
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