jueves, 29 de julio de 2010

Dos filmes románticos de una década pasada




















"Practicamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor."

Erich Fromm



El tiempo es una cosa ambigua y las percepciones del hombre cambian con él. El arte cambia, las pinturas se deterioran y lo que antes era rosa ahora es azul. Los edificios y las catedrales caen. Algunas obras que antes llamaron la atención del gran publico ahora son ignoradas por completo; otras, por el contrario, han resurgido, manteniéndose vivas y frescas por siglos.

Una década en cine ha pasado y nos cuesta trabajo dejar de mirar atrás, para revisar y recordar aquellos filmes que tuvieron un impacto emocional en nosotros.

Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004) y 500 Days of Summer (Marc Webb, 2009). Dos filmes excelentes. En muchos sentidos podríamos decir que ambos tienen un tema en común: El Amor. Pero también existe otro tema central en ellos: El Tiempo. Ambas películas tratan acerca de la historia sentimental que vive una pareja, desde su génesis hasta su desintegración (aunque no precisamente en ese orden). En ambos los personajes lidian con sus recuerdos y la trama fluye mediante los constantes saltos en el tiempo.

Francois Truffaut, Wong Kar-Wai, David Lynch y Woody Allen, son algunos de los realizadores que más honestamente se han adentrado en los sentimientos (siempre contradictorios) de los que es capaz un ser humano. Europeos o Norteamericanos, poco importa, los grandes filmes no tienen patria.

El filme de Michel Gondry debe ser uno de los mejores cinco de la década pasada. ¿Cuantos de nosotros no nos hemos preguntado en algún momento: "como me gustaría poder borrarlo/a de mi mente"? Los personajes principales de la historia, Clementine y Joel, interpretados magníficamente por Kate Winslet y Jim Carrey, nos dan una idea de la respuesta a nuestra pregunta. Asistimos, o mejor dicho, espiamos a través del alma de estos dos seres, tan ficticios y tan reales al mismo tiempo.


Charlie Kauffman es sin lugar a dudas uno de los mejores guionistas de nuestros tiempos, cualquier cosa que salga de su pluma seguramente valdrá la pena darle una ojeada. Sus argumentos no solo están llenos de giros inesperados, también son plenos y emocionantes en cuanto a la vida interior de sus personajes, seres humanos complicados casi siempre.

La película roza con la ciencia ficción al entrar en un viaje a través del tiempo y de las dimensiones de la mente de Joel (de la tienda de libros a la recámara de su casa solo hay un paso), el cual trata de todas maneras de mantener a Clementine en su memoria. Pero sin embargo no puede evitarlo y todo a su alrededor se desmorona y comienza a desaparecer.

Si fuera un filme tradicional de Hollywood, el héroe habría visto a la heroína, pasarían por una serie de dificultades, pero sabríamos que terminarian juntos y felices desde el primer momento en que los vimos (seria aquello que llamamos "el amor a primera vista".) Pero pocos filmes se han atrevido a mostrar el tipo de relación sentimental que viven el noventa por ciento de los habitantes del mundo. Es por eso que el filme ha sido (y sigue siendo) un gran éxito con el publico, ya que cada uno de estos detalles que describo (y aun más que seguramente me habrán pasado desapercibidos) hacen que la identificación sea inevitable.

Michel Gondry es un director barroco que al mismo tiempo tiene el talento y la sensibiidad para observar y resaltar los rostros humanos.

500 Days of Summer es una comedia amarga. No se si sea un filme que perdurara tanto como Annie Hall (pelicula con la que se ha comparado una y mil veces), pero definitivamente es un film que vale la pena ver. La trama es menos compleja y mas directa que en Spotless, pero igualmente interesante y cautivadora. Una vez que nos inmiscuimos en el mundo interior de Tom (y a través de él al de Summer) nos costara trabajo dejar de seguir su historia desde el inicio hasta el final. Es una historia sencilla, "a boy meets girl" como dice el narrador al principio de la película, un narrador cuya voz parece salida de las caricaturas, lo cual tal vez sea una forma de decirnos que a pesar de lo dramático del tema no dejamos de ver una comedia.

Al igual que en Annie Hall (filme que seguramente han visto sus escritores) la historia esta fragmentada para narrarse no de una manera cronológica, sino para hacer una comparación de los primeros y alegres días de su relación, con los amargos momentos de decepción y ausencia después de la ruptura. "Este no es un film acerca del amor", nos advierte el narrador, y sin embargo es una de los pocos filmes que expresan con una honestidad brutal ese sentimiento tan contradictorio que, como dice Cioran, "tiene los mismos síntomas de una enfermedad".

En resumen, estos dos filmes rompen convenciones en el genero romántico. Quien sabe, tal vez lleguen a crear una nueva convención con el tiempo. Por ahora, los considero los mejores en su genero que se han hecho en Norteamerica en los últimos diez o quince años.




David Lynch: El lado oscuro del sueño americano
















Me cuesta trabajo ser objetivo al hablar acerca de uno de mis directores favoritos de nuestros tiempos. David Keith Lynch nació en Missoula, Montana, el día 20 de enero de 1946. Su primera elección pareció ser la pintura para posteriormente incursionar en el cine, labrandose una trayectoria bastante envidiable. Pero en realidad Lynch ha sido siempre un artista y un hombre del renacimiento, su nombre ha estado involucrado tanto en el cine, como en la música, la plástica, la fotografía y un vasto etcétera. Lynch tiene hoy 64 años, pero su espíritu de búsqueda, de experimentación, sigue joven y arriesgado como en sus primeros tiempos y tal vez hasta más. Director consagrado y respetado tanto en Europa como en Hollywood, no teme, a pesar de su edad, hacer una película como Inland Empire (2006), filmada enteramente en vídeo, porque a Lynch, lejos de preocuparle su status de "director profesional", le interesa más seguir manteniéndose fiel a la estética y los ideales de un cineasta personal.

Aficionado a la meditación y a la cultura hindú, a las ropas y los automóviles de los años cincuenta; Lynch es el creador de un universo cinematográfico propio. Sus historias ocurren siempre en una tierra llamada Lynchtown (por lo general un pueblo pequeño en el que todos sus habitantes parecen conocerse y se sonríen enigmática y optimistamente). Su gusto por la dualidad de el bien y el mal, la luz y la oscuridad es un punto importante para entender su mundo. El protagonista en sus historias siempre termina atraído a ese lado oscuro de donde debe escapar para posteriormente encontrar el equilibrio que le permita vivir en la cordura. El mejor ejemplo de lo que menciono es el final de Blue Velvet (1986), cuando el protagonista, Jeffrey Beaumont, después de sobrevivir a la pesadilla infernal del mundo de Frank Booth, se encuentra reunido con su novia y su familia en una linda casa, y al mirar a través de su ventana observa a un pajarillo devorando a un gusano. "Es un mundo extraño", le dice Jeffrey a su novia. Ni siquiera la naturaleza es blanca y limpia, pero ha aprendido que debe vivir con ello.

A pesar de su status de cineasta experimental, Lynch nunca ha dejado de ser un americano: las canciones de Elvis Presley y Roy Orbison, los vestidos, los automóviles, las bebidas y la comida chatarra pueblan sus filmes. Así mismo, la influencia de otros realizadores norteamericanos está muy presente en toda su obra. De Laura (1944), de Otto Preminger, tomaría prestado el nombre para el cadáver maldito de Twin Peaks, Laura Palmer: una abeja reina similar a la de la película de Preminger. De Vertigo (1958), de Alfred Hitchcock, tomaría prestada la idea de hacer pasar a una mujer por otra ya fallecida (la prima de Laura Palmer). Y de Sunset Boulevard (1950), de Billy Wilder, película por la que ha demostrado su admiración más de una vez, haría una referencia directa a su titulo con Mulholland Drive.




















Lynch cuenta que de joven nunca se le paso por la cabeza la idea de ser un artista. En el ambiente conservador y tradicional en el que se había criado no existía tal profesión entre la gente la común. Un día conoce al padre de un amigo, quien resulta ser un pintor que le impresiona fuertemente, y a partir de entonces decide seguir la misma vocación.

Después de pasar varios años como estudiante de pintura en Philadelphia, Lynch comienza sus primeros tanteos con el cine. Sus primeros trabajos, cortometrajes de estudiante, eran juegos de abstracción. Estoy hablando de The Alphabet (1968) y The Grandmother (1970), los cuales estaban hechos principalmente en base a técnicas de animación.

La película que lo pondría en el mapa, largometraje que incluso hoy en día sigue siendo uno de los mas extraños, por su originalidad plástico-sonora, seria Eraserhead (1977), filme cuya realización le llevaría 6 años debido a la falta de fondos para su producción, y que posteriormente le llevaría a conocer al famoso comediante Mel Brooks, quien le ofrecería su siguiente trabajo: The Elephant Man (1980). Cuenta la historia que otro gran realizador norteamericano, Stanley Kubrick, solía invitar a sus amigos a su casa con la promesa de mostrarles su película favorita, la cual resultaba ser nada menos que la opera prima de Lynch.

En la década de los noventa, Lynch incursionaría en la televisión con la ya mencionada Twin Peaks (1990-1991), acerca de un peculiar agente del FBI que llega a un pequeño pueblo maderero a investigar el asesinato misterioso y brutal de una jovencita de preparatoria, la cual era muy querida por toda la comunidad. Con éste trabajo, Lynch lograría una de las series más originales que el publico haya visto en la pantalla chica.

La música ocupa un lugar importante en su visión y Angelo Badalamenti, compositor de jazz delirante y armonias orquestales, es el cómplice perfecto. La colaboración de ambos les llevaría a grabar dos discos magníficos con la cantante Julee Cruise, en los que Badalamenti se ocuparía de la música y Lynch de las letras.

El sonido, aparte de la música, es otro elemento en el que Lynch pone sumo cuidado, ya que él es un creador de atmósferas, sabe que el oído es más sensible que la vista. Después de todo conviene recordar que fue un sonido el que decidió su vocación de cineasta: el joven David, después de terminar un cuadro se queda pensativo al observarlo; sabe que algo le falta y no puede percatarse del que. Súbitamente entra una corriente de aire a través de su ventana. En ese momento, el artista tiene una epifanía al imaginar que sus pinturas son capaces de cobrar vida y movimiento, todo a la par de las misteriosas y bellas impresiones de las que es capaz una onda sonora.

Existe una pagina de internet admirable llamada http://www.theyshootpictures.com, la cual se da a la tarea de recopilar las críticas y listas importantes de cine alrededor del mundo, y de esta manera formar una lista "definitiva", que es al mismo tiempo una guia para los cinéfilos, con las mil mejores películas de todos los tiempos. Así mismo, cuentan con una lista dedicada a los directores y otra a los films que pertenecen a nuestro nuevo siglo, en la cual el Mulholland Drive (2001) de Lynch se ha ganado el segundo lugar, solo superada por el filme Deseando Amar (2000), de Wong Kar-wai.

Para mi, Mulholland Drive es una obra maestra que pertenece a la misma familia que El Sueño Eterno (Howard Hawks, 1946). Ambos cuentan un argumento incomprensible y enigmático. Ambos cuentan con situaciones inolvidables, en las que sus personajes, no menos originales, intercambian una experiencia rica en miradas, gestos y diálogos. Y Lynch es un gran director de actores, no tal vez con la rigurosidad de un experto en arte dramático (experiencia de la que carecen la mayoría de los grandes directores de actores en cine de todos modos), pero si grande en el sentido de que es capaz de sacar lo mejor de cada uno de ellos. Su sensibilidad para plasmar un rostro humano en el celuloide es comparable solo a la de los grandes maestros de la pintura.

No creo que haga falta decir más, sus filmes hablan por él: desde sus inicios con Eraserhead, The Elephant Man y Blue Velvet, pasando por la "trilogía de la carretera" con Wild at Heart (1990), Lost Highway (1997) y The Straight Story (1999), hasta sus últimos experimentos con la narración no convencional en Mulholland Drive e Inland Empire.


Las Zapatillas Rojas (1948)





















Ficha Técnica:
The Red Shoes (Inglaterra, 1948).
Dirección: Michael Powell y Emeric Pressburger
Guión: Michael Powell y Emeric Pressburger (basado en un cuento de Hans Christian Andersen)
Fotografía: Jack Cardiff
Música: Brian Easdale
Interpretes: Moira Shearer, Anton Walbrook, Marius Goring


Sinopsis:
El estreno de un nuevo ballet de la compañía Lermontov es todo un acontecimiento en el mundo del espectáculo y del arte. Un joven compositor, Julian Craster, se encuentra entre los asistentes y se percata de que la música del ballet se trata de una composición suya que ha sido robada por uno de sus maestros del conservatorio.
En una fiesta después del estreno asiste el mismo Boris Lermontov, empresario y cabecilla de la compañía, el cual rechaza el ofrecimiento de ver a una bailarina de supuesto talento. Durante la fiesta, conoce a la joven Victoria Page (Vicky), una pelirroja que le cautiva al instante debido a su impresionante belleza e inteligencia, quien resulta ser la bailarina a la que se negó a ver antes.
A la mañana siguiente Julian se presenta a casa de Lermontov para informarle acerca del robo de su música pero Lermontov le aconseja que se olvide de todo el asunto y le ofrece un puesto en la compañía, para empezar como director de orquesta a partir de ese día.
En los cuarteles de la compañía de ballet hay una aglomeración de artistas, costuristas, escenógrafos, músicos y bailarines. Los dos jóvenes, Julian y Vicky (por separado), se encuentran desorientados y al presentarse el mismo Lermontov tratan de llamar su atención, pero el empresario se encuentra demasiado ocupado en todo lo referente los ensayos del ballet y ni siquiera se percata de ellos o de su existencia. Pasa el tiempo y Julian y Vicky se establecen en el ballet como dos empleados entre el montón.
En una pequeña matiné autorizada por la compañía, Vicky baila El Lago de los Cisnes de Tchaikovski, y Lermontov acude en secreto a verla.
Mientras el ballet se encuentra de gira, su bailarina estrella, Irina, anuncia su retiro de los escenarios debido a su próximo matrimonio y todos acuden a felicitarla; todos excepto Boris Lermontov, quien reacciona con indiferencia y desprecio al ver que su bailarina prefirió el amor mundano por encima de su arte.
Un nuevo ballet, Las Zapatillas Rojas (cuyo tema trata acerca de una bailarina que no puede desprenderse de sus zapatillas mágicas, las cuales nunca pararan de bailar hasta que la vida entera de la joven pase) se prepara; Julian y Vicky (quienes se encuentran por primera vez) son invitados a la reunión en donde Lermontov le anuncia a Vicky que se le ha dado la oportunidad de bailar el papel protagónico, a pesar de que sus colegas no están completamente de acuerdo con su decisión; mientras que a Julian se le encarga reescribir algunas de las partes malas de la partitura.
Los ensayos comienzan y Vicky tiene algunas dificultades para ejecutar varios de los segmentos a ritmo con la música. Lermontov le encarga a Julian (ahora convertido en el compositor del ballet entero) que toque el piano durante todas las comidas de Vicky en su habitación, de manera que ella pueda familiarizarse con la música.
El día del estreno llega y el ballet (representado en su totalidad ante nuestros ojos en un segmento de pura fantasía) es un éxito. La compañía tiene una temporada magnifica y la fama de Vicky y Julian crece considerablemente.
Después de una función igualmente exitosa, Lermontov hace planes para cenar con Vicky en un restaurante, pero al no poder localizarla va en su búsqueda a la fiesta de cumpleaños del coreógrafo de la compañía, Grisha, quien le pone al tanto acerca del romance que ha nacido entre Vicky y Julian. Furioso, Lermontov cita a Julian y le pide explicaciones por distraer a su bailarina, ya que en su opinión ha perjudicado la calidad de su ejecución; y de paso, le reprende por su mediocre ultima composición. El empresario le exige que termine su romance con ella y al no acceder Julian, éste es despedido del ballet. Sus compañeros de la compañía (quienes no comparten la misma opinión de Lermontov) tratan de ayudarle, pero es inútil, y no pueden hacer nada para hacer que su jefe cambie de parecer. Vicky va en busca de Lermontov y al no poder convencerlo tampoco, se despide de él y de la compañía para irse con Julian.
Ambos jóvenes se casan, a los oídos de Lermontov llega la noticia y éste estalla en colera, arremetiendo contra el espejo de su habitación.
Pasa el tiempo. El ballet Lermontov tiene una nueva temporada con su antigua bailarina, Irina. Julian se dedica a terminar su primera opera, y Vicky al parecer ha disminuido su actividad como bailarina.
Lermontov tiene una idea para un nuevo ballet, en el que visualiza a Vicky, y apoyado por sus compañeros de la compañía decide escribirle, pero al enterarse de que Vicky ira a vacacionar sola en la misma ciudad en la que se encuentra el ballet, el empresario rompe la carta y decide ir en su búsqueda a la estación del tren, en donde le propone a Vicky volver a interpretar Las Zapatillas Rojas, el ballet que le había dado fama y el cual nadie más había interpretado desde ella. Vicky es seducida por la idea de poder bailar de nuevo y accede.
La función al fin esta lista y unos minutos antes del estreno Vicky se prueba las zapatillas rojas junto a Lermontov, cuando Julian aparece sopresivamente con el propósito de llevarse a Vicky con él. Julian se percata de que Vicky no puede vivir sin el baile y se aleja, despidiendose para siempre de ella. Lermontov parece haber vencido esta vez, pero la bailarina, en un ataque de nervios, salta desde el balcón. En la calle, Julian la encuentra moribunda, Vicky le pide que le quite las zapatillas rojas y muere. En el teatro, Lermontov anuncia al publico la muerte de Vicky, y como homenaje hacia ella deciden interpretar esa noche, tal como estaba planeado, el ballet de Las Zapatillas Rojas, con el papel de Vicky vacío.


"Realidad", palabra que sin comillas tal vez no llegaría a significar nada. Los limites entre ésta y la fantasía es apenas una delgada linea en las historias del dúo Powell y Pressburger (Ingles, el primero; Húngaro, el segundo). Las Zapatillas Rojas, su obra maestra, es quizá el mejor filme que se ha hecho acerca del mundo del espectáculo. Su peculiar mezcla de imaginación puramente fantástica combinado con un cuadro realista y crudo, ya anuncia a los futuros Tim Burtons y Terry Gilliams.

El argumento bien pudo haber ocurrido en la vida real, todo es acerca de la tragedia (el triángulo amoroso Julian-Vicky-Lermontov, que terminara con la muerte de ella) que vive una familia (la compañía de ballet). Pero el realismo se pierde, o mejor dicho, se diluye en el estilo, y Powell y Pressburger tienen una manera de filmar las cosas, que la simple ascensión de una escalera se vuelve un hecho mágico, misterioso y eterno. El ritmo de la cámara, y de lo que ocurre dentro de ella, esta llena de una fluidez y de todos los ricos matices que solo pudieron haber nacido dentro del ojo del poeta (poetas en este caso, aunque muchos prefieren ver en Powell al director principal y a Pressburger como el escritor).

El ballet-ilusión que ocurre a mitad de la película (una gloriosa secuencia épica de 15 minutos que llegaría a inspirar los musicales americanos que habrían de preparar Vincente Minelli y Stanley Donen posteriormente) esta basado en un cuento fantástico, no exento de esa crueldad escalofriante típica de los cuentos infantiles de antaño, autoría del danés Hans Chrisitan Andersen. Una historia que es al mismo tiempo la revelación y un reflejo del destino de su interprete.

Sus decorados grandilocuentes y su iluminación dan el tono perfecto que nos hace creer asistir a un cuento de hadas. Filme lleno de colores vivos y fuertes, en partes mas tenues. El realizador Martin Scorsese diría alguna vez que consideraba este film, junto a El Río (1951) de Jean Renoir, el mas bello en cuanto a su uso del color.

Contar con la música de Brian Easdale es otro punto a favor del film, sus aspectos sonoro-oníricos ala Claude Debussy realzan el aspecto semifantástico de la historia. Por otra parte, podemos asistir, en el personaje de Julian, a la creación misma de la música; desde sus campanas fúnebres hasta el jugueton tema que da el titulo al ballet.

En muchos sentidos también, éste es un film acerca del amor: el amor por la vida, reflejado en la pareja Julian-Vicky y el amor incondicional por el arte, representado por Boris Lermontov.

Todas las interpretaciones del film son una delicia para los ojos y el oído, incluso entre sus personajes secundarios: tan humanos, contradictorios y llenos de vida que se nos quedaran grabados para siempre. Pero sobre todos sobresale una figura, la más trágica de todas: Lermontov, interpretado soberbiamente por Anton Walbrook, un ser obsesivo, tiránico, genial, calculador y pasional al mismo tiempo.

Al principio Lermontov es una figura distanciada que se oculta en la sombras mientras dirige todo el espectáculo, es el gran empresario, el maestro titiritero. Pero su persona misma es un gran misterio para los demás. Al principio parece ser un film acerca de la bailarina y el compositor, pero poco a poco comienza a convertirse también en la historia de Lermontov, «ese monstruo cruel y talentoso», como lo llama Vicky. Al principio nadie mas en la compañía parece percatarse del talento de la bailarina pelirroja, pero Lermontov impone su decisión, y todos saben que la suya es la ultima palabra. Por el otro lado del triángulo, Julian comienza a abrirse camino poco a poco y es aceptado entre sus colegas como miembro importante de la compañía, así mismo su futura amante, Vicky, aunque al principio le costara más trabajo adaptarse. Al final, el monstruo emotivo y visceral Lermontov surge; los celos y el odio se apoderan de él con la misma pasión con la que crea los mas grandes espectáculos del mundo del arte. Al final, él es el único que cree que el talento de la joven pareja ha menguado y se ha vuelto vulgar e intolerable, cuando todos los demás en la compañía están convencidos de su talento y brillo: la historia acaba volviéndose al revés. La tragedia termina con Lermontov y Julian disputándose el favor de la joven, disputa que acabara en el ataque de nervios y el suicidio de Vicky. Un final trágico para un cuento de hadas.

Una versión restaurada en 35 mm fue presentada por el director Martin Scorsese a mediados del año pasado en Cannes. La versión en dvd de dicha restauración saldra a la venta el 21 de julio de éste año.


La introducción del ballet "Las Zapatillas Rojas"

miércoles, 28 de julio de 2010

La Pasión de Juana de Arco (1928)















Sinopsis:
En el año de 1431, la joven francesa Juana de Arco, salvadora de la patria frente a los ingleses, y que declara sentirse inspirada directamente por Dios, se enfrenta a su procesamiento y a una posible condena a muerte. Se acusa a Juana de blasfemia.
La mayoría de los sacerdotes reunidos se encuentran en su contra. Algunos de ellos dudan de su culpabilidad y creen en la verdadera santidad e inocencia de la joven, pero los eclesiásticos más poderosos son los únicos que tienen voz y voto en el proceso, y los simpatizantes de Juana son intimidados para que voten igual que la mayoría.
Los deshonestos sacerdotes redactan una falsa carta atribuida al rey Charles de Francia. Los carceleros molestan a la joven y uno de los viejos sacerdotes interviene, tratando de convencer a la joven de que se encuentra de su lado, mostrándole la falsa carta y haciéndose pasar por un enviado del rey con la intención de protegerle.
Juana pide permiso para asistir a misa, los sacerdotes aceptan a cambio de que Juana vista ropas femeninas y se deshaga de la suyas, masculinas e impías. Ella se niega y es devuelta a su celda, en donde es de nuevo molestada por sus vulgares carceleros, los cuales se burlan de ella poniéndole una falsa corona. Un joven sacerdote interviene y demuestra tener verdadera simpatía por Juana.
La joven es llevada a la sala de tortura en donde los viejos eclesiásticos tratan de convencerla una vez más de que sus visiones provienen del Diablo y no de Dios. Mientras que le muestran los crueles instrumentos de tortura, le exigen que firme un documento en donde se retracta de todo lo confesado. Ella desfallece ante la visión aterradora de las maquinas del dolor.
Una fiebre ataca a la joven y es necesario hacerle una sangría. Mientras convalece, le ofrecen los sagrados sacramentos a cambio de que firme el documento y se retracte. Ella se niega.
Mientras preparan la hoguera, el documento es ofrecido a la joven de nuevo. El pueblo reunido y los pocos simpatizantes religiosos le piden que acepte para salvar su vida y ella accede.
De vuelta en su celda, mientras le quitan a Juana todo su cabello, la joven exige de nuevo la presencia de sus jueces, ya que ha mentido y se arrepiente de haberlo negado todo. El joven sacerdote le consuela de nuevo y le confiesa.
La hoguera es preparada y Juana arde y se extingue ante la visión de un pueblo encolerizado, que vocifera en contra de la injusticia cometida.
Una lucha entre los soldados y el pueblo, que intenta ser aplacado por medio de la violencia, pone fin a la historia.

Con la Pasión de Juana de Arco nos encontramos ante una sinfonía de primeros planos. Odio, cólera, sufrimiento, compasión, culpa, soberbia. Todo pasa a través de los rostros maravillosamente fotografiados.

La interpretación de Maria Falconetti como Juana, trasciende cualquier palabra, cualquier descripción que se nos ocurra. El sufrimiento, la honestidad espiritual y su estado de gracia real, hacen de su interpretación una de las más sublimes de ésta o cualquier época.

Un joven Antonin Artaud aparece en el filme, es uno de los pocos sacerdotes que siente compasión por Juana. Tal vez debido a su temprana edad, la humanidad del joven sacerdote no ha llegado a decaer aun como la de sus ancianos superiores. Al final, será él quien eleve una cruz cerca de la joven santa, para que le haga compañía en sus últimos momentos.

Igualmente, todos los actores secundarios, los carceleros, el pueblo y en especial los antipáticos jueces, están genialmente logrados. En los últimos momentos del proceso, podemos leer en sus rostros que la duda y el arrepentimiento comienzan a nacer. El mismo sacerdote que le escupe a Juana en la cara, termina derramando lagrimas al verla sufrir.

La forma en que ha sido construido (mayormente por primeros planos), sus travellings y movimientos de cámara, lo hacen un film original e innovador para la época.

Su director, el danés Carl Dreyer siempre tuvo una fijación con los temas religiosos y ocultistas; y décadas después, habría de hacer otro de los mas grandes films espirituales: La Palabra (Ordet, 1955), una obra sorprendentemente distinta, en cuanto a estilo, de su predecesora (el montaje en La Palabra es austero, enfocándose más en sus planos-secuencia, sencillos, invisibles y exentos de cualquier espectacularidad técnica).

La Pasión de Juana de Arco trasciende cualquier catolicismo, cualquier religión o ateismo. Este es un film acerca de la libertad; después de todo, Juana muere, pero muere libre, fiel a ella misma y a sus ideales espirituales. Este es un film acerca del acto de fe. Y cada meta, cada nuevo paso que se ha propuesto el hombre esta llena de esa fe ciega e inexplicable, que nos convence y nos dirige hacia un fin que creemos trascendente.

El filme había pasado por varias mutilaciones y se creía perdido en su totalidad, hasta que una copia integra del negativo fue encontrada en 1981 en una institución mental de Noruega.

martes, 27 de julio de 2010

George Méliès: Creador del espectáculo cinematográfico




















Luz y sombra, el bien y el mal, felicidad y tristeza, amor y odio. Todo pasa a través de una pantalla de cine.

Más de cien años han transcurrido desde la invención del séptimo arte, y todavía nos parecen lejanos los días en que éste comience a marchitarse y extinguirse de este mundo.

A mediados del siglo XIX, los inventores intuían ya la posibilidad de que la fotografía cobrara vida y movimiento, experimentos que concluirían en la cámara-proyector inventada por los hermanos Auguste y Louis Lumière (curioso que el apellido mismo viniera a significar «Luz», elemento primordial del cine). Así ocurrió la famosa primera función cinematográfica que se ofrecía al publico, el 28 de diciembre de 1895 en París.

Todo comenzó con un acto de magia...
















Georges Méliès (1861-1938), el visionario al que le debemos practicamente todo el universo cinematográfico; era un mago, director de teatro, dibujante y periodista, que había adquirido su propio teatro poco después de abandonar el negocio familiar del calzado. Tuvo la oportunidad y la fortuna de estar presente en las primeras demostraciones que los Lumiére hacían del nuevo invento, y no tardo en darse cuenta de que acababa de dar con algo grande. La cámara estaba aguardándolo, virgen, dispuesta; esperando a que un hombre de genio como él explotara toda sus posibilidades. Los inventores ensamblaron la maquina y Méliès lo convirtió en toda una forma de arte. La posibilidad de hacer el acto de magia mas grande del mundo lo sedujo; de representar la vida de una manera que el teatro apenas había soñado.


Cuentos de hadas, ciencia ficción, comedia, actos de ilusionismo: todo pasaba a través de su lente y su ojo interno.
Creador de los efectos especiales, de los filmes coloreados a mano y del primer estudio cinematográfico en Europa. Director, actor, escenógrafo y escritor, Méliès era «El Hombre Orquesta», como dice el titulo de uno de sus cortometrajes. Sus filmes fueron un éxito con el publico alrededor del globo. Surgieron muchos imitadores, algunos geniales (Edwin S. Porter, Segundo de Chomón); otros, no pasaban de ser businessmen sin talento.

La famosa imagen de la bala-nave chocando contra el rostro de la luna, escena de su film Le Voyage dans la lune (1902), se ha convertido en un símbolo del arte cinematográfico.

Pasaría el tiempo, la maquina y la industria cinematográfica comenzaría a crecer rápidamente, y en la década de los 20s Georges Méliès terminaría arruinado. Años antes, en 1895, cuando Mèlíes trataba de hacerse con una de las primeras cámaras, Antoine Lumière, el padre de los inventores, le había profetizado a medias: «El cinematógrafo es una curiosidad científica sin ningún porvenir comercial. El invento no esta en venta. Y agradézcamelo porque para usted hubiera sido la ruina». Se había equivocado en lo primero; desafortunadamente había acertado en lo segundo.

Los grandes estudios comenzaron a abrir sus puertas, y con ellos, las superproducciones de proporciones colosales, contra las cuales el pequeño mago poco podía competir o disputarse el favor del publico. Atrás parecían haber quedado los actos del cinemago. No más desapariciones-apariciones, no más personajes fantásticos, no más príncipes, gigantes, brujas, demonios, guerreros, alquimistas, fantasmas o seres de otros planetas. Méliès había tenido que sufrir lo mismo por lo que han pasado muchos de los grandes talentos y visionarios de la historia: el olvido, la terrible indiferencia ante el genio.

Un poco de suerte le aguardaba aun: en 1928, un periodista casualmente lo descubre en la estación de Montparnasse, vendiendo juguetes (que él mismo fabricaba) en un pequeño puesto. A partir de entonces comenzarían los homenajes al viejo maestro, quien a pesar de tantos reconocimientos, seguiría acudiendo a trabajar cada día en su humilde tienda.

El 21 de enero de 1938 el padre del cine muere. Solo asisten 12 personas a su entierro. Entre ellos, se encontraba el realizador francés, Rene Clair, quien alguna vez diría acerca de él:

«Méliès es el inventor del espectáculo, ruta hacia el reino de las hadas, entre las tiernas estrellas y los soles sonrientes».

Entre su filmografia se cuentan más de 500 cortometrajes, entre los que han sobrevivido poco más de 170, los cuales han sido lanzados en su totalidad recientemente en DVD.

El Viaje a la Luna (1902)


Las Cartas Vivientes (1904)


L'Alchimiste Parafaragamus (1906)