miércoles, 4 de agosto de 2010

Jean Cocteau
















Existe una fotografía de Man Ray, en la cual se muestra a un Jean Cocteau lleno de brazos, como un dios hindú. Un Cocteau industrioso que sostiene un cigarro, unas tijeras, una pluma y un libro. No existe mejor retrato, escrito o fotografiado, que describa el temperamento de curioso insaciable del poeta.

Cocteau escribió desde joven, nació para ello, nació con ello. Con apenas 18 años, sus versos ya comenzaban a sonar en los importantes círculos literarios de la primera mitad del siglo XX. Época de revoluciones artísticas, de escupitajos a la tradición y al orden reinante. Duchamp, Picasso, Stravinsky, Miró, Dali, Buñuel, Joyce y otros fueron los cultivadores del llamado Avant-garde, y de toda su gran plaga de ismos (Surrealismo, Dadaísmo, Cubismo, Futurismo, Expresionismo). Nuestro poeta circularía por varios de estos movimientos sin llegar a adherirse a ninguno, su espíritu voluble e independiente no se lo hubiera permitido (ni tampoco los surrealistas le tenían mucho aprecio.)

Novelista, dramaturgo, periodista, autor de libretos para operas y ballets, dibujante, pintor, y cineasta. Cocteau era, como lo describía Man Ray, el poeta de los mil brazos. En 1945, escribiría en su diario: "Comienzo a tener la barba blanca. ¿Y qué? No es cosa grave. Lo grave seria tener el alma en la misma forma. Gracias a Dios, tengo la sangre roja. La gastare hasta la última gota. No ahorrare nada de ella". Y no lo hizo.

Sus obras literarias, como la compacta novela Los Niños Terribles (reverenciada por Julio Cortázar, quien la consideraba una obra maestra) u Opio: Diario de una desintoxicación (creado décadas antes de que William Burroughs, el junky con voz de autómata, describiera de manera similar fenómeno de la droga en su propia obra), son algunas de las mejores muestras de su prosa poética, rápida y llena de imágenes que abordan la intimidad de sus personajes, seres excepcionales casi siempre.

Su relación con la música le llevaría a ser el ideólogo y el libretista favorito del grupo conocido como “Les Six”, entre los que se encontraban los compositores Darius Milhaud, Arthur Honegger, Francis Poulenc y Georges Auric (quien haría las bandas sonoras de todos sus filmes). Para Stravinsky, escribiría el libreto para la opera-oratorio Oedipus Rex. Al lado del músico Erik Satie (el excentrico gimnopedista) y de Pablo Picasso, montaría Parade, un ballet que durante sus primeras presentaciones provocaría un escándalo que terminaría con el encarcelamiento breve de Satie.

Los dibujos de Cocteau serian admirados por el mismo Picasso, con el cual mantendría una amistad de toda la vida. El pintor haría una breve aparición en el filme El Testamento de Orfeo.

El compositor norteamericano, Philip Glass, basaría en las obras de Cocteau varios de sus propios trabajos, de entre los cuales podemos destacar su re-musicalización para el filme La Bella y la Bestia, versión incluida en el dvd editado por The Criterion Collection.





















Cocteau Cineasta



La Trilogía Órfica
Cocteau transforma el mito griego de Orfeo (el cual cuenta el descenso del poeta al inframundo, en busca de su fallecida esposa Eurídice) adaptándolo a su propio universo, elaborando una trilogía que vendría a abrir (con La Sangre de un Poeta, en 1930) y a cerrar (con El Testamento de Orfeo, en 1960) su filmografía. En 1952 filmaría Orfeo, con su inseparable Jean Marais (amigo, amante, inspirador y ángel de la guarda del escritor) en el protagónico.

La trilogía órfica esta llena de elementos fantásticos, meditaciones acerca de la poesía y la muerte (un tema que le obsesionaría a Cocteau siempre, debido en gran parte a la prematura muerte de muchos de sus colegas y amigos). Una fotografía o una rosa se reconstruyen en medio de las llamas en lugar de destruirse; las paredes y los techos cuentan con su propia fuerza de gravedad en la que los personajes se deslizan; los espejos son pasajes hacia otras dimensiones. Cocteau mismo protagonizaría El Testamento de Orfeo, filme que ayudaría a financiar el entonces realizador novel, Francois Truffaut, amigo y admirador del escritor-cineasta.

Los Padres Terribles (1948)
Adaptada al pie de la letra a partir de su obra de teatro. El filme mantiene su atmósfera y estructura teatral. Es tal vez el relato más realista que haya rodado Cocteau, enfocándose más en los rostros de sus actores y en la complicidad de la cámara con el estado de ánimo de sus personajes. Cocteau lo consideraba su mejor filme, desde el punto de vista técnico.

La Bella y la Bestia (1946)
Un cuento de hadas. Un clásico del cine francés y uno de los filmes con las iluminaciones más bellas.
El bosque tenebroso y tempestuoso; el castillo encantado de la Bestia, con sus estatuas vivientes, las puertas que hablan, los candelabros humanos, sus guantes y espejos teletransportadores. Cada motivo visual, sus decorados y vestuarios fantásticos la hacen una película que es al mismo tiempo un verdadero acto de magia en acción.


Los Niños Terribles (1950)
Jean-Pierre Melville seria el realizador de este filme (adaptación de la novela antes citada), en el que colaboro estrechamente con Cocteau en el guión, quien también proveería la narración.
La peculiar relación de amor-odio entre los huérfanos Paul y Elisabeth. Dargelos lanzando la bola de nieve mortal a Paul, dejándolo postrado en cama durante meses. El cuarteto amoroso imposible Paul-Agathe, Elisabeth-Gerard. «La habitación», ese teatro mágico en donde los adolescentes guardan su preciado tesoro de cachivaches inútiles. «El juego». Todos los elementos de la novela están presentes en el filme, el cual fue señalado por Truffaut, «como el mejor trabajo de Melville».


La Música en el Cine: preludio, variaciones y fantasía en 35 mm

















Melodía, armonía y ritmo. Todos hemos escuchado alguna vez estos términos musicales, sin importar si dudamos o desconocemos su verdadero significado.

La música, aquel arte que «llega más fácilmente al ser humano», en palabras del cineasta alemán, Werner Herzog; ha diferencia del cine, ha acompañado al hombre durante milenios. Lo acompaño en sus celebraciones, en sus funerales y en sus rituales religiosos. Era lógico que no tardara en adherirse al relativamente joven arte del cinematógrafo.

En los tiempos del cine mudo, músicos, pianistas y pequeños ensambles, habitarían las salas oscuras y harían de esta ocupación su pan de cada día.

Tan pronto como crecen los bolsillos de los empresarios, crecen las orquestas, y con el advenimiento del cine sonoro, la composición de una obra musical definitiva relacionada a un filme se formaliza.

Los grandes compositores en aquel momento experimentaban con aquella novedad llamada «atonalismo», en lo que fue toda una revolución en el mundo de la música (no exenta de escándalos y disturbios públicos. Véase: La Consagración de la Primavera de Stravinsky), similar a la que vivían los pintores y los escritores de la época. Mientras, los filmes habrían de seguir cultivando el neoromanticismo, y estas innovaciones aun tendrían que esperar un par de décadas para introducirse (y en dosis moderadas) en el cine.

Por la historia del séptimo arte habrían de pasar nombres y compositores consagrados como: el americano, Aaron Copland; los rusos, Dimitri Shostakovich y Sergei Prokofiev (colaborador de Eisenstein en Alexander Nevsky e Iván el Terrible); los franceses, Erik Satie (con Rene Clair) y Georges Auric (en filmes de Jean Cocteau, Max Ophuls y William Wyler); o el mexicano, Silvestre Revueltas (con Fernando de Fuentes).

En el Hollywood de antaño, fábrica y espejo del oscuro sueño americano, llegarían a hacerse grandes compositores como: Bernard Herrmann, Miklos Rozsa, Max Steiner, Alfred Newman, Dimitri Tiomkin y Franz Waxman.

En nuestro país, en las décadas de los 30s, 40s y 50s; el cine sonoro llevaría a un gran numero de cantantes y comediantes celebres a aparecer en pantalla. Interpretes como: Pedro Infante, Agustín Lara, Tin Tan y José Alfredo Jiménez, habrían de hacer del número musical una parte recurrente en el cine de la época, en el cual la canción popular reinaba. En el ámbito orquestal, destacarían algunos compositores como: Silvestre Revueltas (¡Vámonos con Pancho Villa!, La Noche de los Mayas), Raul Lavista (Macario y varios films de Luis Buñuel), y el español exiliado, Rodolfo Halffter (Los Olvidados, Nazarin, María Candelaria).

¿Es necesaria la música en el cine?
Este arte no ha sido apreciado incondicionalmente por todos los hombres de cine. Realizadores de la talla de Luis Buñuel y Robert Bresson, prescindirían de ella en sus últimos trabajos y hasta llegarían a desconfiar de su verdadero valor dentro de un filme. El mismo Buñuel diría alguna vez: "Personalmente, no me gusta la música en las películas, pienso que es un elemento cobarde".

Los filmes hechos antes de 1927 carecen de sonido, y varios se conservan hasta hoy en día en las videotecas sin que cuenten con música alguna de fondo, lo cual no ha impedido que millones de cinéfilos en el mundo se maravillen y disfruten con ellos.

Y sin embargo, ¡¿cuantos momentos del cine no podríamos imaginarlos sin música?! Estoy pensando en la caza wagneriana de Apocalipsis Ahora. En el asesinato a sangre fría de una familia de granjeros en Erase Una Vez en el Oeste, con la armónica desquiciante de Ennio Morricone en el fondo. En la reconciliación de las hermanas en Gritos y Susurros, en el que el dialogo es suprimido y reemplazado por una suite para cello de Johann Sebastian Bach. O, el mejor ejemplo de todos: la famosa escena de la regadera en Psicosis, un momento en donde la música de Herrmann es imprescindible, pues le añade coherencia, ritmo y violencia a una escena que consiste en un conjunto de planos en los que nunca se ve el cuchillo del asesino atravesar la carne de la victima.

Henri Mancini (el creador del famoso tema de La Pantera Rosa y uno de los más geniales compositores cinematográficos) y Blake Edwards, Alan Silvestri y Robert Zemeckis, Howard Shore y David Cronenberg, Dave Grusin y Sidney Pollack, Philip Glass y Godfrey Reggio, Maurice Jaubert y Jean Vigo, Georges Delerue y Francois Truffaut. Muchas de estas alianzas duraderas y fructíferas entre compositores y directores han pasado por la historia del cine. Revisemos algunas de estas celebres mancuernas:


Sergio Leone y Ennio Morricone
El Western, género americano por antonomasia es adoptado por los italianos en la década de los sesenta. La música que haría Morricone para Erase Una Vez en el Oeste, Por un Puñado de Dolares y El bueno, el Malo y el Feo, establecería un estilo que posteriormente imitarían tantos filmes y videojuegos, hasta llegar a convertirlo en cliché. Morricone es un gran melodista e instrumentador. Su uso de la guitarra eléctrica y la armónica en una orquesta para banda sonora no era algo común en la época. Fuera de su colaboración con Leone y el Spaghetti Western, habría de hacer muchas de sus mejores partituras como Cinema Paradiso, La Misión o Los Intocables.


Federico Fellini y Nino Rota
Mientras que Rota, al lado de Luchino Visconti, suena a a una vieja sinfonía romántica del siglo XIX. Con Fellini crearía melodías que parecen elaboradas para acompañar a un espectáculo cirquense. La colaboración de ambos era estrecha, Fellini se sentaba al lado del piano del compositor, dándole indicaciones y tomando las decisiones en cuanto a los pasajes que le gustaban. Ocho y Medio, La Dolce Vita, La Strada y Amarcord son algunas de sus mejores obras.


Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann
Hermann debutaría junto a Orson Welles con la banda sonora de El Ciudadano Kane, trabajaría con Francois Truffaut en la adaptación de Fahrenheit 451, y haría su ultima partitura al lado de Martin Scorsese, en la magistral Taxi Driver. Pero todos lo recordamos especialmente por su trabajo con Hitchcock.
Si alguien no ha visto Psicosis, Vertigo o North By Northwest (por citar solo algunos entre su gran filmografía), no merece llamarse a si mismo «cinéfilo», ni siquiera «aficionado al cine». Tanta es mi admiración por el realizador inglés, Alfred Hithcock, que me lleva a escribir tan sectaria e injusta afirmación. Y que decir de Herrmann; sus orquestaciones son ya legendarias, el tema de la regadera de Psicosos es el momento más delicioso en cuanto a tensión fílmica. La banda sonora de Vertigo es hipnótica, la compañera perfecta para la historia de un hombre obsesionado con una mujer que ha vuelto de la tumba.
Hace poco un amigo compositor me pregunto: «¿que seria Hitchcock sin Herrmann?». Mi respuesta seria: «Todos los grandes filmes que hizo antes de 1955» (entre los que se encuentran La Ventana Indiscreta, La Sombra de una Duda y Los 39 Escalones). Pero mucha razón tenia al hacer la pregunta, pues Hitchcock con Herrmann es definitivamente mejor.


Steven Spielberg y John Williams
Spielberg podrá ser odiado por muchos intelectuales en la actualidad, para los cuales representa el escapismo absoluto (escapismo es un termino muy ambiguo que los expertos inventaron para etiquetar un tema que no esta relacionado con ninguna ideología o compromiso político. Ejemplos: Una película acerca de un amor feliz u otra acerca de una aventura en tierras vírgenes), y sin embargo, sigue contando con el respeto y la admiración de cineastas tan extremos como David Cronenberg y David Lynch. Y Spielberg, sin lugar a dudas le debe muchos de los mejores momentos de sus fábulas cinematográficas al compositor John Williams. Tanto su genialidad para crear melodías que ya se han vuelto parte de la cultura popular, como su riqueza rítmica, heredada directamente de Bartok y Stravinsky, lo hacen uno de los mejores músicos que han existido en el cine. Comenzaría bajo la tutela de Henry Mancini (trabajando como pianista) para posteriormente labrarse una larga carrera en el cine y la televisión, que lo llevaría a componer la música para filmes como Jaws, Indiana Jones o Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Aparte de su trabajo con Spielberg, crearía la archifamosa banda sonora para la trilogía de Star Wars, así como el inolvidable tema de Superman.


Tim Burton y Danny Elfman
Que Danny Elfman, un compositor sin la educación oficial de un conservatorio, que había crecido y evolucionado a partir del rock ochentero, llegara a elaborar bandas sonoras orquestales, para muchos era algo inconcebible e incluso llego a provocar algunas envidias profesionales entre los fracasados músicos que quisieron ver la manera de desprestigiarle y desatribuirle la verdadera autoría de su música.
Creador del hoy mítico tema de Los Simpson, el mundo sonoro y el estilo de Elfman se formaría dentro de una simplicidad rítmica, para explotar su inagotable vena melódica. Su música es la cómplice perfecta para el universo de «cuento de hadas macabro» de Tim Burton. Beetlejuice, La Pesadilla Antes de Navidad y El Joven Manos de Tijeras son algunos de sus mejores trabajos.

David Lynch y Angelo Badalamenti
A diferencia de las anteriores mancuernas, las cuales habían derivado de una larga
amistad, el encuentro de Lynch con Badalamenti fue casual. Su productor durante el rodaje de Blue Velvet insistió en que debían de trabajar juntos y provoco el encuentro. Después de escuchar a Badalamenti acompañando al piano a la Rossellini, en la canción que da el titulo a la película, Lynch se quedaría maravillado y prendado de su hermosa música y jamás volvería a rodar sin su colaboración.
Un jazz frenético se desprende de los acordes de Badalamenti; a veces un rock de ensueño; a veces un movimiento sinfónico, dulce y melancólico. Entre sus trabajos destacados se encuentran el ya citado, Blue Velvet, la banda sonora para la serie Twin Peaks y su película Fire Walk With Me, así como Lost Highway y The Straight Story.


Otras bandas sonoras imprescindibles:

Breakfast at Tiffany's - Henry Mancini
Chinatown - Jerry Goldsmith
Blade Runner - Vangelis
Koyaanisqatsi - Philip Glass
Anatomy of a Murder - Duke Ellington
The Graduate - Dave Grusin y Paul Simon
The Wizard of Oz - Stothart, Arlen, Halburg
Singin' in the Rain - Freed, Brown
My Fair Lady - Loewe, Lerner
2001: A Space Odyssey - V.A.
Gone With the Wind - Max Steiner
The Godfather - Nino Rota, Carmine Coppola
Il Gattopardo - Nino Rota
Once Upon a Time in America - Ennio Morricone
Modern Times – Charlie Chaplin
Ed Wood - Howard Shore
Jules et Jim - Georges Delerue
West Side Story - Leonard Bernstein, Stephen Sondheim
Back to the Future - Alan Silvestri
Ghostbusters - Elmer Bernstein
Halloween - John Carpenter
Dick Tracy - Danny Elfman, Stephen Sondheim
Saturday Night Fever - Bee Gees
A Hard Day's Night - The Beatles
Purple Rain – Prince
American Graffiti - V.A.
O Brother Where Art Thou? - V.A.
Pulp Fiction - V.A


Angelo Badalamenti explicando como compone al lado de David Lynch




Una escena de Érase una vez en el Oeste